¿Se ha puesto a pensar que experimentar fatiga lo lleva a un periodo de cansancio permanente que puede inducirlo a cometer errores en su trabajo, pudiendo provocar accidentes laborales?
Ocasionalmente, durante las jornadas laborales, todos podemos experimentar periodos de cansancio o incluso fatiga. Que puede ser no solamente físico sino también mental. Esto periodos de fatiga pueden ser desde ligeros hasta intensos y los signos de manifestación más comunes están asociados con debilidad y agotamiento que pueden llegar a generar molestias como dolor y dificultad en la persona para retomar sus labores.
Son muchos los factores que pueden originar la fatiga y definirla como tal depende de la percepción individual y la manera cómo la afronta cada individuo y su capacidad para recuperarse. En lo que respecta al ámbito laboral, la fatiga puede manifestarse como producto de la interacción entre la persona y el trabajo, y su incidencia es tan importante que puede afectar la salud del trabajador y la productividad de la empresa.
En cuanto a sus efectos en el organismo la fatiga puede manifestarse a través de una disminución de la capacidad de respuesta de la persona, debilidad, dolores de cabeza, cansancio, falta de sueño, falta de energía, niveles bajos de la capacidad de concentración, bajo ritmo de trabajo, los movimientos se vuelven más torpes e inseguros, estrés, entre otros. Pero también la fatiga se relaciona como un mecanismo regulador del organismo que nos indica cuándo debemos descansar para recuperarnos de la carga física y mental que implica nuestras actividades diarias.
Sin embargo, cuando este periodo de manifestación de la fatiga se vuelve recurrente, intenso y la persona no logra recuperarse de ella, la fatiga puede volverse crónica. Por eso es necesario, que especialmente en los sitios de trabajo, se adelanten acciones preventivas que permitan el diseño adecuado de la organización del trabajo y de adaptar este a la persona.
En el espacio laboral varias investigaciones sugieren que las condiciones de trabajo también pueden influir en la aparición de la fatiga como la sobrecarga laboral, las condiciones ambientales del puesto de trabajo, el ritmo de trabajo, los tipos de jornadas laborales (turnos, flexibilidad de horarios), la postura, el clima laboral, etc.
Por lo tanto, la fatiga laboral si es un factor de riesgo que puede ocasionar incidentes y accidentes, especialmente, cuando el trabajador no gestiona las medidas adecuadas para recuperarse, no cuenta con las herramientas o la información para hacerlo o porque la percepción sobre la fatiga puede tornarse ligera y el trabajador no presta atención a los síntomas, sobrepasando su capacidad de resistencia ante una actividad.
En lo organizacional, cuando el trabajador no presta atención a los síntomas de la fatiga y no se toma el tiempo para hacer una pausa que le permita aliviarse, su rendimiento disminuye y puede comete más errores que se traducen en pérdida de tiempo y productividad. Y al no darle el descanso necesario al organismo las capacidades cognitivas y motoras pueden verse comprometidas, exponiendo al trabajador a un mayor riesgo de accidente y la posibilidad de adquirir enfermedades de tipo laboral.
Los estudios en materia de seguridad y salud laboral sugieren algunas herramientas y parámetros que ayudan a identificar los síntomas de la fatiga, logrando con ello la atención temprana en acciones preventivas y correctivas, que impacten de manera positiva en la salud de los trabajadores. El descanso, es quizá, una de las medidas más pertinentes para evitar la fatiga y darle al organismo, la posibilidad de recuperarse. Sin embargo, la alimentación, el ejercicio y prácticas que mejoren la salud mental también contribuyen a que el agotamiento en los trabajadores disminuya y sus efectos no trasciendan.
¿Qué hacer para prevenir la fatiga laboral?
Sin duda, la implementación de políticas de bienestar laboral que promuevan la prevención de los riesgos en el trabajo, es una medida de gran impacto en los trabajadores. Y para ello es tan sencillo como fomentar las pausas activas, los periodos de descanso de acuerdo a la actividad que ejerza el trabajador, los horarios flexibles y la ayuda psicosocial, entre otros.

