A menudo se cree que trabajar en la oficina no implica mayores riesgos. Se la considera un lugar seguro y las probabilidades de sufrir un accidente son casi nulas. Se asume la creencia de que solo los trabajos relacionados con la construcción, la industria o los del sector eléctrico están mayormente expuestos a los riesgos laborales. Si bien el personal administrativo no está expuesto a sustancias químicas o a grandes máquinas, sí lo está a riesgos silenciosos que no se perciben fácilmente pero que representan un impacto importante para su salud física y mental.
Los riesgos laborales invisibles pueden significar una amenaza real para la seguridad y salud de los trabajadores. Al no detectarlos a tiempo ni controlarlos adecuadamente, sus efectos en la salud pueden ser progresivos, lo que conlleva una disminución de la productividad de la empresa y un aumento de costos en la gestión de las enfermedades laborales. Los trastornos musculoesqueléticos, el estrés, las enfermedades cardiovasculares y la fatiga visual, son algunos de los problemas más comunes que los trabajadores pueden sufrir. Si no se atienden a tiempo, pueden convertirse en enfermedades crónicas.
¿Cuáles son esos riesgos laborales que nadie ve a simple vista?
Ergonomía inadecuada: si el puesto de trabajo no cuenta con las condiciones mínimas de ergonomía, pasar largas jornadas frente al computador o realizar tareas repetitivas sin los elementos adecuados o los descansos necesarios puede derivar en malas posturas. Esto genera lesiones y trastornos en músculos, tendones y articulaciones, afectando el desempeño y la calidad de vida de los trabajadores.
Contaminantes invisibles en el aire: el aire en una oficina puede contener desde polvo, compuestos orgánicos volátiles y agentes biológicos hasta partículas en suspensión, que al estar presentes todo el tiempo en el entorno laboral puede provocar irritaciones respiratorias, alergias, dolores de cabeza y daños en los pulmones, entre otros. Una exposición prolongada a esta calidad de aire sin un sistema de ventilación adecuado o la falta de monitoreo de la atmosfera, puede agravar los problemas de salud.
Clima: las variaciones de temperatura, humedad y la mala circulación del aire son riesgos invisibles que también afectan la salud. Cuando el entorno laboral no cuenta con las condiciones térmicas adecuadas (espacios muy fríos o con calor excesivo, corrientes de aire, etc.) los trabajadores pueden experimentar molestias en su sistema cardiovascular, sequedad en los ojos, fatiga y deshidratación.
Factores psicosociales: la sobrecarga de trabajo, el acoso laboral, la discriminación y la falta de apoyo por parte de la dirección, etc., significa un riesgo alto para la salud de los trabajadores debido a que pueden experimentar estrés laboral, ansiedad, agotamiento y depresión, que si no se gestionan a tiempo pueden causar enfermedades graves.
Iluminación inadecuada: los entornos de trabajo con una iluminación excesiva o defectuosa afectan la salud visual, pueden provocar dolores de cabeza, alterar el ritmo circadiano, aumentar la probabilidad de sufrir accidentes y afectar el sueño, entre otros.
Ambiente laboral tóxico: en este tipo de ambientes de trabajo el estrés es la constante. Los trabajadores están expuestos permanentemente a situaciones agobiantes que agotan su capacidad de afrontamiento. Esto los mantiene en un estado de alerta excesiva y de supervivencia, provocando agotamiento físico y mental crónico, depresión y ansiedad, lo que puede desencadenar enfermedades aún más graves como problemas cardiovasculares, gastrointestinales o inmunológicos.
La oficina puede parecer un lugar seguro, pero detrás de cada puesto de trabajo existen riesgos que deben ser evaluados. Es necesario implementar los protocolos pertinentes para identificar los riesgos laborales invisibles y adoptar medidas preventivas que garanticen entornos labores más sanos, sostenibles y productivos.
