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RESILIENCIA EN LAS EMPRESAS
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Resiliencia: el reto de las empresas durante la pandemia

May 14 2020

Con el impacto que ha dejado hasta el momento la pandemia de la COVID-19, especialmente, en el sector empresarial, muchas empresas han tenido que modificar sus procesos operativos y organizacionales, para seguir operando en medio de la crisis. La capacidad de resiliencia y la flexibilidad de la fuerza laboral, son dos aspectos claves que han permitido mitigar los efectos de la pandemia en sus modelos de negocio.

Sin importar el sector al que pertenecen y el número de trabajadores con que cuentan, las empresas (pequeñas, medianas y grandes) han evidenciado su capacidad de resiliencia para afrontar la crisis y, además, han identificado cuán oportunos han sido sus procesos operativos, hasta el momento. No hay duda, que las organizaciones funcionan como un sistema holístico, por lo tanto, todos sus procesos administrativos y organizacionales están interrelacionados entre sí, para poder funcionar de manera óptima. Cuando algunos de sus recursos se detienen o fallan, todo el sistema se ve afectado. Pero también las situaciones externas a su entorno pueden impactar de manera positiva o negativa.

La manera como han reaccionado ante esta contingencia, está directamente relacionada con los factores internos que la conforman, como el modelo de negocio, la cultura organizacional, los procesos administrativos, su infraestructura tecnológica, el talento humano, el tipo de comunicación, etc. De ahí, la importancia de repensar y adaptarse desde una mirada autocrítica, antes que seguir reaccionando de manera improvisada ante las eventualidades.

Lecciones que deja la crisis sanitaria en la cultura organizacional:

La crisis sanitaria, demostró que el sector empresarial en Colombia no está preparado para afrontar eventos como estos. No todas las empresas cuentan con estructuras organizativas y financieras robustas, y muy pocas funcionan a través de planes estratégicos que contemplan las variables del mercado.

Pero, independientemente del tipo de empresa, la pandemia de la COVID-19 evidenció una vez más, los cambios a nivel de la cultura organizacional que deberán confrontar las organizaciones, para permanecer en mercados competitivos y cambiantes. Estos son algunos:

Transformación digital: existen empresas que por su naturaleza son digitales, ya sea por los servicios que ofrece o por su cultura y su forma de trabajar; esta cualidad representó una ventaja estratégica para adaptarse a la situación y seguir operando a pesar de las exigencias del entorno. Pero del otro lado, están las empresas que se han resistido a incursionar en los avances tecnológicos, convirtiéndose en una debilidad al momento de concretar alternativas como el teletrabajo, durante el aislamiento social preventivo. Lo que, a su vez, ha exigido un gran esfuerzo por unificar las operaciones administrativas con el trabajo colaborativo en línea, para seguir operando de manera normal.

El temor, los altos costos o el desconocimiento, han sido factores definitivos en esta incursión hacia lo digital. Sus estructuras jerárquicas conservadoras han frenado este propósito, al igual que la carencia de planes estratégicos que contemplen medidas para adaptarse a las exigencias del mercado.

Fortalecer la seguridad y salud laboral: la pandemia es un llamado a la implementación efectiva de los Sistemas de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo, en todas las empresas. Se debe velar por el funcionamiento real de las actividades y estrategias contempladas dentro de estos sistemas, que permitan prever escenarios de riesgos para la salud de los trabajadores e implementar las correspondientes medidas preventivas y de atención. Con la COVID-19, como una enfermedad de tipo respiratorio, las empresas deberán enfocarse en fortalecer medidas que mitiguen los efectos de este tipo de enfermedades.

Teletrabajo Vs trabajo en casa: recurrir al teletrabajo como una elección improvisada, luego de las medidas de confinamiento implementadas por el gobierno, deja en manifiesto la importancia de acudir a este tipo de alternativas, para diversificar las metodologías de trabajo de las organizaciones. Pero integrar esta modalidad de trabajo, requiere de todo el rigor técnico y normativo; así como también de la necesidad de formar a los trabajadores en capacidades específicas para el teletrabajo y en el desarrollo de las habilidades blandas para gestionar otros espacios de trabajo, como el digital. En la misma línea, el trabajo remoto, también es una opción que permite la flexibilidad de la fuerza laboral.

Presencialidad no es productividad: con el trabajo desde casa, las empresas pudieron comprobar que la presencialidad en las organizaciones no está relacionada con el nivel de desempeño de los trabajadores. Esta falsa concepción de la productividad debe ser revalorada por el trabajo orientado al logro o la consecución de resultados, y no por las horas que se pasen frente a un computador.

Cultura de la colaboración y el aprendizaje: poco a poco las estructuras organizativas jerárquicas están siendo reemplazadas por estructuras más flexibles que funcionan mediante modelos de trabajo colaborativo o en red, que se destacan por un liderazgo colectivo. Lo que permite un escenario de aprendizaje continuo entre los trabajadores y el intercambio de conocimientos y experiencias, que benefician a la empresa. La comunicación fluida y participativa es un factor inherente en este tipo de organizaciones, ya que la información es de interés común y determinante para actuar ante eventualidades.

Comercio electrónico: con la pandemia de la COVID-19, los hábitos de los consumidores tuvieron un cambio significativo durante el periodo de cuarentena. La imposibilidad de salir de casa a comprar en las tiendas físicas, impulsó las compras por internet. Aunque algunas empresas por su modalidad de negocio, cuentan con canales de ventas digitales; también existen empresas que tímidamente han intentado incursionar en este campo, implementado medianamente mecanismos tecnológicos para vender sus productos o servicios.

Este comportamiento del consumidor es una señal para replantear los modelos conservadores de producción, distribución y venta. Por eso, la importancia de fortalecer canales digitales que permitan afianzar las relaciones con el cliente y leer sus comportamientos en línea, para ofrecer mejores experiencias de compra.

Repensar la organización: en los momentos de crisis, las lecciones aparecen y junto con ellos, la posibilidad de ser resilientes. Es necesario que las empresas consideren la necesidad de replantear sus procesos tanto operativos como organizacionales, con el fin de identificar aquellos procedimientos que funcionan y deben fortalecerse o modificar aquellos que no resultan beneficiosos antes las contingencias. Su capacidad para adaptarse debe ir más allá de tomar medidas momentáneas. Es fundamental convertirse en empresas proactivas antes que reactivas, para prepararse ante posibles escenarios que puedan llegar a desestabilizar sus operaciones.

Fortalecer la comunicación: cuando no existe una comunicación fluida y participativa, es más probable que las organizaciones sufran una ruptura en sus procedimientos y en las relaciones con los trabajadores. Un mal ambiente laboral impacta en el desempeño de los trabajadores y este, a su vez, repercute en la productividad de la empresa.

Es necesario fortalecer la comunicación, tanto interna como externa, con el fin de unificar los mensajes e involucrar a todos los públicos de la organización. Especialmente, en situaciones de crisis, es primordial definir los portavoces de la empresa, que se encarguen de emitir informaciones oficiales y mantener una comunicación permanente con las personas que trabajan en la empresa. Los protocolos para el manejo de crisis, es una buena herramienta a la hora de afrontar este tipo de situaciones.

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